Durante la excursión estuve atenta a mis sentimientos, como
dijo Pilar, los fui escribiendo en una libreta.
Sentí la ambigüedad del frío y el calor, era curioso sentir las
dos cosas al mismo tiempo. A veces predominada el frío, otras el calor… También
hubo un rato que sentí flato y como si me faltara la respiración, y me
agobiaba.
Tuve sentimientos positivos, de risas con mis amigas y
relajación al estar en el ambiente rural, sin embargo, por desgracia ese día predominó
una sensación negativa la mayor parte del tiempo. Esto no quita que viviera momentos estupendos,
como el reencuentro con mi Blancanieves, donde estuvimos hablando sobre que nos parecía el pueblo, qué habíamos hecho y como nos habíamos sentido (ambas coincidíamos en que solas porque no coincidíamos con los demás de la clase), ella me contó que sentía miedo y por eso se puso a correr cuando yo la encontré. En el pueblo coincidí con algunas de mis compañeras madrastras, la verdad es que me alegraba ver rostros conocidos por el pueblo, y cuando coincidíamos hablábamos durante algunos minutos y me sentía bien. Me encantó conocer mejor a algunas de mis compañeras en el autobús, hablando sobre distintos
temas y viendo la cantidad de cosas que teníamos en común. Todas tenemos más en común de lo que
pensamos, si hemos elegido la misma carrera, es posible, que nos unan más cosas
de las que nos separan. Está en nosotras ir conociéndonos y descubriendo esas
semejanzas.
Creo que todos tenemos una parte oscura y otra más iluminada, no significa que sea buena o mala cada parte, pero si opuesta. Con mi transformación en madrastra salió mi parte oscura a la luz, y la sentí presente durante toda la semana. Me sentía ausente y distante, como con una coraza donde revotaba todo aquello que me afectaba de fuera. Incubé mi personaje de forma personal, y sentía menos miedo hacia mi entorno. En cierto modo es lo que reflejan las películas, que los malos nunca tienen miedo, sino que son temidos. Lo extraño de mi incubación es que a medida que tenía menos miedo de lo que me rodeaba, sentía más miedo de mi misma.
Esto me recuerda a la experiencia de la anterior clase, donde nos miramos con personas de clase durante dos minutos. Era totalmente distinto mirar a una u otra persona. Lo que si estoy segura, aunque ya lo pensaba anteriormente, es que los ojos son el reflejo del alma. Mirando a los ojos a una persona conoces una parte de ella que normalmente no te muestra, o no te fijas lo suficiente para percibirla. Hay ojos que muestran tristeza, otros alegría, inseguridad, vergüenza, comprensión, diversión, nerviosismo, y podría continuar la enorme lista. Y según la persona a la que mires tu reaccionas de forma distinta, pues te hace sentir aquello que reflejan sus ojos. Con dos compañeras no parábamos de sonreír, pues nuestras sonrisas nos contagiaban mutuamente y no conseguíamos estar serias, sus ojos me transmitían alegría, cariño, y era una sensación que me gustaba. Sin embargo con una persona sentí algo distinto, ella me miraba fijamente, con un rostro inmutable, y su mirada generó que yo me mantuviera inmóvil y sin cambiar ni una facción de mi rostro. No me sentí incómoda sino todo lo contrario, como quien se mira en un espejo durante un rato. Me quedé sorprendida, y el tiempo pasó volando, no sabría como explicarlo, pero era como si me hubiera visto reflejada en sus ojos.
Soy de esas personas que se fijan mucho en la mirada, ya que transmite mucho de las personas, quizá por eso me gustó esta actividad, aunque al principio me ponía un poco nerviosa.
Creo que la sonrisa se puede fingir, pero la mirada... Es mucho más complicado disimularla si estás mal, el brillo de los ojos es el primero en delatarte.
Muito interesante o que vivenciamos é lindo o relato de como se sentiu nesse dia, entre sonhos, pinturas e encontros com Blancanieves y brujas!
ResponderEliminarHermoso relato efectivamente
ResponderEliminarMuchas gracias a las dos
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